Girasol, la planta milenaria que los mayas y aztecas veneraban como el Sol
El girasol (Helianthus annuus) es una planta nativa del continente americano, específicamente de Norteamérica y Centroamérica. Su cultivo tiene una historia milenaria, que se remonta aproximadamente al año 1000 a. C., aunque existen evidencias arqueológicas que sugieren que su domesticación comenzó en México hace al menos 2,600 años a. C., convirtiéndolo en una de las primeras plantas cultivadas por las civilizaciones precolombinas.
En diversas culturas amerindias, el girasol adquirió un significado simbólico y espiritual. Era considerado un símbolo del sol y de la fertilidad, venerado por su forma radial que recuerda al astro rey. Entre los aztecas y otomíes de México, así como los incas en el Perú, se utilizaba no solo como alimento, sino también en ceremonias y rituales religiosos para rendir homenaje a los dioses solares, reflejando la profunda conexión entre la naturaleza y la cosmovisión de estas culturas.
Tras la llegada de los españoles a América en el siglo XVI, el girasol fue introducido en Europa, donde rápidamente se adaptó y comenzó a cultivarse de manera extensiva. Desde allí, su cultivo se expandió a prácticamente todo el mundo, convirtiéndose en un cultivo agrícola de importancia económica por sus semillas, utilizadas para producir aceite, alimentos y forraje, y por sus flores, apreciadas ornamentalmente.
Una de las primeras representaciones botánicas documentadas del girasol aparece en los herbarios europeos del siglo XVI, como los ilustrados por el botánico alemán Basilius Besler, reflejando el interés científico y ornamental que esta planta despertó en Europa tras su introducción.



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